Reseñando la gestación de una StartUp acapulqueña-sanluiseña

Un camino largo¿Apoco tú no quieres lo que todos queremos – me pregunta mi primo sin despegar la mirada de la autopista – hacer algo para ganar el dinero suficiente y dejar de trabajar y vivir cómodamente? Pues, si, creo que efectivamente ese es el sueño de muchas personas (incluyéndome): sacarse el premio mayor, heredar la fortuna de algún tío millonario o concebir una idea que por sí sola valga millones, revolucione al mundo y, obviamente, nos haga salir de probes.

Sorprendentemente la tercera opción no es tan descabellada. Si bien las ideas por si solas no valen los millones que queremos, si somos hábiles, perseverantes y sabemos aprovechar las oportunidades, en una de esas y te vuelves parte del x% de la población mundial que dio a luz a una idea que le da para comer.

El primo del que les hablo es léido y escríbido, estudió esto y lo otro y por eso tiene una idea (vaga tal vez) de cómo hacer un negocio funcionar. Yo, en cambio, tal vez si soy escríbido, pero no soy muy léido. Ingeniero en telecomunicaciones, empleado de una dependencia de gobierno, creo (o creí) que mi perfil nunca me daría para ser un empresario o persona de negocios. ¿Ideas? Muchas. El problema es que, como todo buen mexicano, me frenaba a mí mismo. “¿a qué le tiras cuando sueñas?” me preguntaba a mí mismo. Qué bueno que ese día, confinado en un espacio reducido (el carro de mi primo) durante largas horas (5 de viaje de Acapulco al DF), aquel primo sembró en mi la inquietud de hacer algo, en un principio aunque sea por mis finanzas personales.

Ahondé en varios aspectos del ahorro, de los fondos de inversión, de qué hacer con el dinero para que no se lo coma la inflación y así y así. Gracias a aquel viaje y a la autora Sofía Mancías (en su libro “Pequeño cerdo capitalista”) comprendí que el dinero que uno gana, aunque uno piense que es poco y lo menosprecie, tiene valor y, si lo sabes invertir, lo puedes multiplicar en menor tiempo que partiéndote la espalda picando piedra.

Pues ya tenía la motivación y la determinación, sin embargo, me encontraba prácticamente igual que al inicio, necesitaba una idea, que pudiese germinar y dar frutos (con muchos ceros por favor).

Así que pensé y pensé, y muchas ideas generé, y con recelo las guardé (y sin querer hasta rimé). No sabía que lo peor que puede uno hacer es quedarse con las ideas para uno mismo, así nunca se sabe si la idea era buena o mala, porque nunca fue probada. Con el pasar de las semanas, incluso meses, el fervor con que buscaba esa idea innovadora fue decayendo. No solo por el mexicanísimo efecto de la “llamarada de petate”, sino por el exceso de trabajo, la falta de sueño y muchos más pretextos y excusas. En menos de 3 meses ya había pasado de “decidido a cambiar mi destino” a “mejor lo hago mañana”. Ahora que lo pienso, era yo un buen miembro de la SDE.

to be continued…

Nota: El Gentilicio “San Luiseño” se lo debemos a un amigo de Novigo, que en un día de sobre cansancio lo invento, quizás por la fatiga de recordar que el gentilicio en San Luis Potosí es “Potosino” =)

AJG

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Un pensamiento en “Reseñando la gestación de una StartUp acapulqueña-sanluiseña

  1. Muy buena historia, y sobre todo es cierto que no debemos quedarnos con las ideas, por muy ontas que pienses que son deben ser probadas y tambn no tener temor a equivocarnos,no seria rmalo que nos equivocaramos pienso yo asi podriamos perfeccionar nuestra idea, o corregirla, leere la segunda parte

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